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La siembra y la cosecha

 

La siembra y la cosecha

por R. L. Morrison

"No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna" (Gal 6:7-8).

Pablo empleó una figura en este pasaje. Se refiere a un simple fenómeno natural para enseñar una gran verdad espiritual. Mucha gente conoce más o menos la jardinería. Dos vegetales muy comunes son la papa y la cebolla. Si uno mezcla las dos semillas, sería difícil separarlas sin plantarlas. Las simientes pueden ser mezcladas antes de plantarlas, pero no en el producto final. Todos tenemos consciencia que toda semilla produce según su género. La semilla de papa produce papas. La semilla de cebolla produce cebolla. La semilla de cebolla nunca ha producido papas, ni lo hará. Y la semilla de papa no producirá cebollas. Hay una ley que prohibe esto. No es una ley hecha por humanos. Dios dijo, "Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así" (Gen 1:11). Y todavía es así en toda la tierra.

La ley divina de la siembra y de la cosecha en el mundo natural es inalterable. En ella, Dios enseña una lección que puede ser de inestimable valor, si la aprendemos y la aplicamos. Es posible que uno sea honestamente equivocado en cuanto al tipo de semilla que siembra en un campo. Pero, a pesar de la sinceridad y la honestidad que tenga, esa semilla producirá solamente según su género. La ley divina de la siembra y de la cosecha fue dada para nuestro bien y para nuestra protección. Uno no se atrevería sembrar un campo si no supiera lo que produciría. Si uno plantara cierto cereal esperando tener alimento, sufriría una gran pérdida si produjera espinos incomestibles.

Esta ley de Dios también es verdadera en cuanto a los reinos espiritual y moral también. Ésta es la lección que Pablo enseña al usar esta figura en Gálatas 6. Dijo que si uno siembra para la carne, corrupción segará. Y dijo lo mismo en otras palabras: "Porque la paga del pecado es muerte" (Rom 6:23). No hay manera para evitar ni escapar las consecuencias: el pecado produce la muerte.

En Gálatas 5:19-21, Pablo adelanta una lista de "las obras de la carne". Los que hacen estas cosas siembran para la carne. "Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios." Estas cosas son pecado y están en contra de la justicia. Los que las practican no tienen comunión con Dios en esta vida, y ¡tampoco deben esperar tenerla en la vida venidera!

Sembramos para la carne en la vida diaria. Las cosas que hacemos y las palabras que decimos pueden determinar nuestro destino en la eternidad. Nuestras palabras y nuestros hechos manan del corazón: "porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él" (Prov 23:7).

Evidentemente, muchos creen que esta ley de Dios, aunque verdadera en la naturaleza, no incluye a los asuntos morales y espirituales de la vida. Con respeto a los jóvenes y a algunas actividades malas (o al menos dudosas), a veces oímos decir algo así: "Pues, son jóvenes. Tienen que correr sus mocedades." Pero la semilla que siembran producirá según su género.

Fue recién anunciado en las noticias que en los Estados Unidos, los accidentes automovilísticos son la mayor causa de la muerte entre los adolescentes. ¡Y la segunda es el suicidio! ¿Qué porcentaje de estas muertes, cree Ud., será debido al deseo de "correr las mocedades"? El uso de las drogas, incluyendo al alcohol (una droga), causa muchas de esas muertes. Tal vez notoda la culpa pertenece a los jóvenes, porque ellos siguen el ejemplo de sus padres y los otros adultos. Pero, parece que hay algunos que jamás maduran bastante para no "correr sus mocedades". La edad del sembrador, por supuesto, no afecta a la cosecha. Será según lo que se siembra. "Porque sembraron viento, y torbellino segarán..." (Ose 8:7). Los que pierden así su juventud se han engañado. La desilusión será terrible, si uno pasa toda la vida sembrando esta semilla, porque no podrá escapar las consecuencias que cosechará.

Jesús habló de un día de ajuste de cuentas por la vida que vivimos. "El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero" (Juan 12:48). El apóstol habló de esto: "Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos" (Hch 17:30-31). Y otra vez: "Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí" (Rom 14:11-12).

Algunos rechazan las doctrinas de la resurrección y del juicio. Pero son tan ciertas como la resurrección de Cristo. Y ante él, se doblará toda rodilla, confesando que él es Jesucristo--algunos a su honra y gloria, y otros a su vergüenza y separación eterna de Dios y su justicia.

Aunque ésta es una imagen muy fúnebre, existe otra alternativa. Recuérdese de que Pablo dijo que los que siembran para el Espíritu, del Espíritu segarán vida eterna. Pero, ¿CÓMO siembra uno para el Espíritu? No es difícil de entender. A través de los apóstoles, el Espíritu Santo reveló la verdad. Ella puede librarnos del pecado, y nuestra obediencia continua a ella (o sea sembrando para el Espíritu) nos llevará a la vida eterna.

Tenemos que reconocer y luego creer que Cristo murió por nosotros--por nuestros pecados. Él nos hizo posible el perdón. Pero tenemos que obedecerle (su evangelio), para ser libres. Cuando los apóstoles predicaron el evangelio de Cristo, les dijeron a los pecadores que oyeran la palabra, que la creyeran, que arrepintieran de sus pecados, y que, al confesar su fe en Cristo, fueran bautizados para perdón de los pecados. Salvo al acatar, uno es añadido por el Señor a la iglesia, llegando a ser miembro del cuerpo de Cristo (la iglesia). Como cristiano, uno siembra para el Espíritu y eso traerá el fruto del Espíritu. "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley" (Gal 5:22-23).

Pedro escribió a los cristianos: "vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor." Si estas cosas guían el modo de vivir de un hijo de Dios, él llevará los frutos del Espíritu. Así resultará en la vida eterna. Y si acaso Ud. quiere saber "¿hasta cuándo?", la contesta bíblica es "sé fiel hasta la muerte".

En la vida, hay solamente dos maneras de sembrar: o para la carne o para el Espíritu. Cada persona responsable está sembrando en una de estas dos maneras cada día de la vida. Mientras que vivamos y tengamos control de nuestra mente, estaremos sembrando de una manera o la otra. Así como no podemos detener las olas de la mar, y como no podemos parar el avance del tiempo, asimismo no podemos cesar de sembrar. Cada uno de nosotros es responsable para nuestra propia siembra. Ud. ni puede sembrar por otro, ni segar por otro. Ud. dará cuenta de sí mismo, y segará según haya sembrado.

Considerando esto, ¿no sugiere la sabiduría que escojamos cuidadosamente la semilla que esparcimos en la vida? Recuérdese: segaremos lo que hemos sembrado. No se puede mezclar la semilla de la carne con la del Espíritu y segar una cosecha pura. El intentar hacerlo perderá todo, porque la "cizaña", la semilla de la carne, condenará a Ud. ¿Por qué no consulta con la palabra de Dios para estudiarla, aprenderla, y obedecerla? ¡Viva aquí para Dios a fin de que podrá vivir allá con él eternamente!

Pero, hoy mismo--porque hoy puede ser la única oportunidad que Ud. tenga. ¿CÓMO está sembrando UD.?