Cómo un etíope fue salvo

por R. L. Morrison

El relato bíblico de esta conversión se encuentra en Hch 8:26-40. Si Ud. no conoce esa historia, sugiero que la lea en su Biblia. Y al leer este tratado, cotéjelo con las escrituras. Este relato de la conversión de un hombre no es difícil de entender, si uno lo aborda con una mente abierta. Ésta es la única manera de aprender lo que la Biblia enseña. De los lectores de la Biblia, no todos la leen con una mente abierta, y por eso resultan las diferencias que existen en el mundo sectario hoy en día.

En este estudio, determinaremos exactamente lo que pasó, y qué fue el último resultado de esa acción, para que todos puedan comprender.

Hay cuatro seres mencionados en este relato de conversión. Un ángel, el Espíritu Santo, un predicador, y un pecador. Vamos a determinar lo que hizo cada uno de ellos.

El ángel le habló al predicador, NO al pecador. Al predicador (Felipe) le fue dicho que dejara la obra que hacía, y que viajara hacia el sur. "Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto" (v. 26). Esto es todo que hizo el ángel.

El Espíritu Santo le habló al predicador. "Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro" (v. 29). Favor de observar que el Espíritu Santo le dijo claramente al predicador qué hacer. El Espíritu no le hizo nada de nada al pecador. No hay ni rastro de que el pecador vio, oyó, o sintió el Espíritu. No hubo operación directa de ningún modo en el pecador. El Espíritu sencillamente le dijo al predicador qué hacer.

El predicador obedeció lo que el Espíritu dijo que hiciera. Primero, viajó hacia el sur (v. 27). Luego, vio a un hombre en el camino, sentado en su carro. Cuando el Espíritu Santo le dirigió que se juntara al carro en que el pecador estaba sentado, corrió en hacerlo. Oyó el hombre mientras leía de Isaías, el profeta. Preguntó, "¿entiendes lo que lees?" Resultó que fue invitado a subir en el carro, como le había dirigido el Espíritu. Entonces comenzó desde la escritura que el pecador había estado leyendo y le anunció el evangelio de Jesús.

El pecador. Estaba estudiando, procurando un conocimiento de Dios. Sabía que necesitaba ayuda, ya que dijo que necesitaba a alguien para enseñarle. Sin duda, escuchó a Felipe quien le explicó como Isaías había predicho la venida del Mesías o Salvador. Felipe explicó que Jesús fue el cumplimiento de la profecía de Isaías. No cabe duda que Felipe contó de la muerte, la sepultura, la resurrección, y la ascensión de Jesucristo. Además contó de los hombres que Jesús escogió y cómo recibieron poder del Espíritu Santo para revelar el evangelio, el poder de Dios para salvarnos del pecado. Todo esto es parte del "anunciar el evangelio de Cristo". Donde el evangelio no haya sido anunciado, no puede haber salvación.

Y yendo por el camino, llegaron a cierto lugar donde había agua. Viéndolo, el pecador hizo una pregunta: "aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?" (v. 36) El predicador contestó, "si crees de todo corazón, bien puedes". Dijo el pecador, "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios" (v. 37).

Favor de notar que al anunciar el evangelio de Cristo, Felipe predicó la necesidad del bautismo. Este hombre ni conocía a Jesús ni el evangelio. Pero después de escuchar el evangelio de Cristo, quería ser bautizado. Su deseo se entiende fácilmente si uno recuerda el mandamiento que Jesús entregó a los apóstoles: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Mar 16:15-16). Oyó la palabra del Señor por medio de Felipe, quería ser salvo, y pidió ser bautizado para que fuera salvo.

Note su confesión: una simple declaración de fe en Jesucristo como el hijo de Dios. No confesó que sintió que Dios le había perdonado por Jesucristo. Ni siquiera confesó que fue pecador. Fue una sencilla declaración que Cristo es el Hijo de Dios y el Salvador del hombre.

Felipe, al recibir la contestación a su pregunta, estaba listo para bautizarle. Mandó parar el carro. Descendieron ambos al agua, Felipe y el pecador. El pecador, quien quería ser salvo, fue bautizado (sepultado, una inmersión: Rom 6:4) en el agua para perdón de sus pecados. Se lo hizo Felipe, quien le había enseñado la verdad (v. 38).

Subieron del agua. El Espíritu arrebató a Felipe y el etíope no le vio más, pero el relato dice que siguió gozoso su camino (v. 39), porque le fue enseñado el plan de Dios para la salvación de los pecadores, lo creyó, y cumplió su salvación al someterse al bautismo para recibir perdón de los pecados--para ser salvo. Se gozó de su salvación.

Con mucha gente religiosa actualmente, esta simple historia de un pecador que oyó, creyó, y obedeció el evangelio de Cristo, no es aceptada. Muchos que profesan creer y seguir la doctrina del nuevo testamento no quieren enseñar y practicar lo revelado aquí. ¡Quizás una razón sea que muchos creen que uno no necesita ser bautizado para ser salvo! Muchos que creen así enseñan que uno es salvo al instante de creer--por la fe solamente--y es bautizado como evidencia de la salvación. ¡Lea de nuevo lo que el nuevo testamento cuenta de la salvación de este hombre! ¿Acaso hay alguna frase o alguna palabra, que enseñe o insinúe que fue salvo al creer, y que no tenía nada que ver con su bautismo? ¡El autor inspirado no hizo ninguna declaración así!

Otros, los que oponen el bautismo por la inmersión, rechazan el relato argumentando que fue desierto, pues no hubo agua. A pesar de lo que uno diga o piense, Lucas escribió que llegaron a cierta agua. Había suficiente para que los dos descendieran al agua, y después subir de ella. Las escrituras lo dicen claramente. Si no fue así, el relato no es verdadero. Y si no es la verdad, no es la revelada palabra de Dios, porque su palabra es verdad. Si uno puede rechazar esto, y a la vez agradar a Dios, ¿puede acaso uno rechazar todo el nuevo testamento y agradar a Dios? Si no, ¿por qué?

Ya que las escrituras enseñan que el bautismo es una sepultura (Rom 6:4; Col 2:12), este etíope fue sepultado o sumergido por Felipe en el agua al que descendieron. Por su obediencia a Dios (no al hombre), fue salvo.

De hecho, Jesús se refirió al bautismo como un nacimiento "de agua y del Espíritu" (Juan 3:5). Jesús le dijo a Nicodemo que "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". Nicodemo no entendió (y así es con muchos actualmente). Pensó que Jesús se refirió al nacimiento físico. Los que creen así hoy en día tienen el mismo error. Jesús no habló del pertenecer a una familia humana, sino de ser miembro de la familia de Dios. La familia de Dios se compone de los que son miembros de la iglesia del Nuevo Testamento por haber obedecido el evangelio. Jesús le dijo a Nicodemo, "Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". Hablando del espíritu, se refirió al espíritu del hombre. No es que empieza a existir en ese momento, sino que se renueva y se hace libre de pecado al obedecer el evangelio (lo cual, por supuesto, incluye al bautismo en agua para el perdón de los pecados). El pecador creyente y penitente es bautizado en Cristo (Gal 3:27), en la muerte de él (Rom 6:3), y para el perdón de sus pecados (Hch 2:38). Este etíope fue salvo según las instrucciones que Jesús entregó a los apóstoles (y Jesús mandó que esto sea predicado a toda criatura).

Y así es con pecadores hoy en día. El que oye, cree, y obedece los mandamientos del Señor será salvo, ¡al igual que este etíope!

¿Ha hecho esto Ud.? Si no, ¿lo hará? ¿Ahora mismo?